miércoles, 1 de octubre de 2008

Empezando a crear valor

La innovación es uno de los temas que más me atraen hoy en día. No es algo nuevo, cuando hablamos de innovación podemos tener en cuenta muchos aspectos que siempre me han fascinado. Los que me conocen un poco pueden pensar que soy una persona muy imaginativa, con muchas ideas (en ocasiones alocadas y poco prácticas), podrán decir que estoy un poco loco, sí, no les quito la razón. La innovación, la creatividad puede sonar un poco a todo esto. Muchos pueden pensar que los creativos, inventores, innovadores... son personas que dicen y hacen cosas alocadas, uno no les hace caso hasta que dichas acciones adquieren carácter "popular". Y entonces es cuando resulta que esos pirados tenían razón...
Son muchos los casos en los que afirmaciones que resultaban estúpidas de primeras, resultaron ser ciertas. Y si no, que se lo digan a Galileo, que más que un estúpido, lo consideraban un hereje, casi lo matan por decir que la tierra giraba alrededor del sol.
Una solución innovadora solo tiene credibilidad cuando te la cuenta de buena mano un sabio, una persona venerada, una persona ilustre. Son personas “socialmente solventes”, “si él lo dice será así…”.
En esto de la creatividad, de la innovación todos somos iguales, nadie sabe más que nadie, y el que plantea propuestas estúpidas, ¡bienvenido sea! Estamos para aprender, y para que los sabios aprendan de los menos sabios. Una propuesta estúpida supone una provocación, y de las provocaciones salen grandes ideas. Hace unos años decir que con las consolas adelgazas sería una sandez. La Wii nos ha demostrado que no.
Pero uno no debe confundir creatividad e innovación con locura. La locura está muy bien, pero uno debe tener un control sobre ella, y dar ideas creativas pretendiendo innovar algún aspecto no significa llegar a una reunión y soltar chorradas sin fundamento. Uno debe mantener un orden, saber cuándo debe aportar ideas nuevas y cuando no. Una de las herramientas que más me han fascinado por su simplicidad y su carácter práctico son los SEIS SOMBREROS PARA PENSAR de Edward De Bono. Me encantaría hacer una reunión y utilizar dicha herramienta. He leído acerca de sus beneficios pero nunca los he comprobado con mis propias carnes.
Tengo tantas cosas con las que experimentar en el mundo de la innovación y la creatividad. Ilusión no falta y tiempo tengo.

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