miércoles, 5 de noviembre de 2008

El valor de la influencia

Hoy me encontraba leyendo sobre unos temas que yo mismo escribí hace tres años. Dentro de dichas reflexiones, me ha resultado curioso un pequeño párrafo:

Somos dueños de nuestro mundo y a la vez somos dueños de un poder que puede acaparar otros mundos.
"INFLUENCIA", sonará curioso pero para mí esta palabra puede llegar a ser la esencia de la inmortalidad. El que es capaz de generarla se mantendrá vivo una vez muerto.


Tras leer acerca de estos temas que me han traído muchos recuerdos, he comenzado a escribir algo que no sé a dónde me puede llevar, pero al considerarlo una escritura salida de dentro, me he visto obligado a redactarlo en el blog. Es "una reflexión en bruto" y quizás resulte complicado entender qué es lo que quiero decir. Para quien no lo conozca, esto es un gran ejemplo de pensamiento experimental:

Desde hace ya un tiempo tengo particular interés en un tema que supone una ventaja competitiva en toda organización. Es un tema difícil de definir porque el concepto abarca muchos otros temas, y la importancia está en que es aplicable a todos los ámbitos de nuestra vida. Estoy hablando del “mundo de las relaciones”, y particularmente las relaciones humanas. El universo entero está regido por una serie de leyes en las que prima la influencia y con las personas no ocurre de distinta manera.

Dos cuerpos se atraen porque se ejercen influencia, dos personas se aman porque existe algún tipo de atracción, todo efecto es producido por alguna o algunas causas. Hace tiempo llegué a una conclusión estudiando econometría mientras intentaba aprender la medida de Theil. En dicha fórmula se mide la influencia de cada variable independientemente. Posteriormente se suman las influencias de dichas variables para verificar la fidelidad del modelo. Finalmente y atendiendo a todo esto, me percaté de que no somos más que la suma de todas nuestras influencias. Y que algunas de las causas son responsables indiscutibles de nuestra situación.

Ahora bien, si fuéramos capaces de:

- Localizar un efecto (En este caso pongamos cuál es la relación entre dos personas)
- Identificar la gran mayoría de sus causas (En qué ámbitos están relacionados y cómo)
- Agruparlas según categorías similares (Los ámbitos pueden ser infinitos hay que sintetizar)
- Medir cada una de las categorías (En qué medida influyen en la relación)
- Y establecer un modelo ajustado (Crear un mapa relacional)

Seremos capaces de establecer un espectro de relaciones que nos puede hacer comprender en qué medida las relaciones son satisfactorias o no lo son.

Habiendo llegado a esta confusa reflexión personal, quisiera aclarar dónde radica la cuestión de todo esto.

¿Cómo conectamos las personas?

En eso consiste una buena o mala relación. En la cual, un conjunto de buenas influencias generará una relación satisfactoria, mientras que el conjunto de malas influencias hará que dos personas no conecten.

¿Quién me iba a decir que una asignatura numérica me iba a aportar enseñanzas “filosóficas”? Pues bien, ya lo decía Isócrates (436 AC-338 AC): “Las matemáticas son una gimnasia del espíritu y una preparación para la filósofia”

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