miércoles, 28 de enero de 2009

Juego de niños



Me ha gustado mucho el artículo publicado en boingboing The case against Candy Land. En él se expone la comparación de algunos juegos “de época” con los juegos de hoy. Estos juegos forman parte de nuestra infancia, pero no solo eso, además forman parte de nuestra actual manera de pensar. Al que le gustaban los puzles será una persona con “mentalidad puzle”, al que le gustaba la plastilina tendrá una “mentalidad plástica” (yo soy de estos últimos)

El caso es que los juegos que podemos encontrar hoy están muy lejos de ser como los juegos de ayer. Sí, es cierto que tenemos puzles, tenemos plastilina, tenemos el juego de la oca, hundir la flota… pero a raíz del surgimiento de la era del videojuego las posibilidades se han ampliado (para bien y para mal).
Y este artículo da a entender que los niños del futuro serán más inteligentes. Y precisamente porque los juegos a los que juegan promueven la utilización del cerebro a mayor velocidad. Juegos como el de la Oca (ponen el ejemplo de CandyLand) o Hundir La Flota, son juegos poco desafiantes en los cuales la tomas de decisiones se reduce casi a cero y dan poco que pensar. En definitiva, se reduce mucho el margen de maniobra cerebral. Los videojuegos promueven un tipo de pensamiento más rápido en el cual las decisiones deben ser tomadas de manera inmediata. En los juegos de antaño utilizabas mucho tiempo preparando todo el tinglado antes de empezar, si jugabas contra alguien debías explicar cómo jugar, corregir las cosas cuando las hacía mal... Hoy por hoy se aprende jugando, las reglas vienen dadas y automatizadas en cada videojuego, y si no las cumples fallas. Error a error vas aprendiendo y progresando.

Me ha dado mucho que pensar y considero que las nuevas tecnologías favorecen a desarrollar la mente de los niños a mayor velocidad. Aprenden haciendo.

Por otro lado, y como consecuencia de todo esto, tenemos la otra cara de la moneda. ¿Qué aspectos negativos tiene todo esto? Sencillamente que estamos promoviendo la cultura de la impaciencia. Cada día somos más impacientes y queremos tenerlo todo aquí y ahora. No podemos esperar, porque es tan fácil obtener las cosas que cuando se hacen esperar no resistimos y pasamos a la acción directamente. Soy prudente cuando digo que debe existir un control sobre el aprendizaje y enseñar a tener paciencia.

Además, los videojuegos promueven la no comunicación. Como decía antes, las reglas vienen dadas y si no las cumples la máquina no responde. Desaparecen las trampas (eso sí, siempre puedes pegarle un pellizco a tu contrincante para que se despiste) pero también desaparecen grandes oportunidades para comunicarnos. Suele ser más importante lo que pone en la pantalla que lo que te dice tu compañero de juegos(aunque eso lo podemos ver en el trabajo y con adultos, que dejan de escucharte para ver lo que dice la pantalla del ordenador, al parecer debe ser más importante lo que pone que mirar una cara...)

Al final me pongo en lo de siempre, parece que las nuevas tecnologías tienden a desconectarnos más que a conectarnos. No debemos permitir que nos deshumanicen.

A raíz de todo esto me hago la siguiente pregunta: ¿Apostamos por el conocimiento técnico y el pensamiento veloz que nos proporcionan los videojuegos o debemos promover más las habilidades humanas mediante la utilización de los juegos de toda la vida?

Pues como todo en la vida, cada cosa en su medida justa.

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